Espero que la sombra me separe del día y que fuera del tiempo, bajo un cielo sin techo la noche me acoja donde mejor sé morir.

Si mi destino está sobre la tierra, entre los hombres, preciso será aceptar en mí aquello que me definío, puesto que no quiero ser otro que yo mismo.

Mi nombre, mi rostro, todo aquello que no me pertenece lo doy como forraje al público insaciable, mi verdad la comparto con los míos.

No vivo en la superficie, mi morada está más profunda el malentendido no viene de mí: nada tengo que ocultar si no sé adónde voy, sé con quién voy.

Mi parte del trabajo es asumir mi libertad lo digo a fin que más tarde nadie se asombre: lucharé hasta que me reconozcan vivo.

Mi patria está sin nombre, sin tachas hay una verdad en la subversión que nos devolverá nuestra pureza escarnecida.

Y si debiera equivocarme, eso nada cambiaría Hacer reventar los sistemas es el único juego aceptable, el movimiento es la única manera de permanecer vivos.

Mi amor lo doy al hombre o a la mujer quien me acompañará en este periplo incierto donde velan la angustía y la soledad. Y no cerraré los ojos, ni los bajaré.

J. L. Martínez, Quien Soy.

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