El bosque es un lugar peligroso, en él variadas gamas de animales conviven día a día formando una gran sociedad ordenada estrictamente por la pirámide alimenticia. No es de extrañar que los osos se encuentren en el tope, son grandes, fuertes y con un golpe o una mordida pueden destrozar a cualquiera. Son más temidos que admirados, pero eso es suficiente para ser los reyes de aquel lugar y ningún rey hasta el momento ha rechazado su corona por gusto.

Ésta era una tarde de viernes, al fin la semana se termina. Los zorros organizan una salida fuera del bosque, unos tragos en un happy hour y a mover los pies hasta reventar bailando drum and bass.Los castores apañan, como siempre. Los osos no serían nada sin los castores… no reclaman, trabajan todo el día y siempre cumplen, quizá es por ese motivo que esta vez los osos se sumaron al plan.

Y es que los osos no suelen salir mucho con los otros animales. No los malentiendan, tienen sus motivos. Desprecian a los zorros porque se las dan de vivos cuando lo único que tienen en la cabeza es el conteo de horas antes de tirarse la próxima línea. Temen el afán escalador de los lobos, saben que ante cualquier descuido atacarán en manada y el bosque será suyo, suprimir cualquier posibilidad de falla es una obligación. Los conejos están siempre atrasados, nunca tienen tiempo para nada porque deben ir por la vida evitando que les corten la cabeza. Los castores les caen bien, pero como que no tienen opinión. Hoy están con ellos, mañana con los lobos, nunca se sabe qué pueda pasar en el bosque mañana. ¿Y los ciervos? es obvio, ¿qué diría la gente si un oso carreteara con bambi?

Pero hoy era un buen día, nada podría salir mal.

Llegan al primer local de la noche y la primera ronda la pagan los osos, mientras todos se sueltan el nudo ese que se les forma a los animales en el cuello. Bueno, todos menos los ciervos siempre tan bien compuestos. Los primeros 30 minutos hablan solo de trabajo.

  • ¿supiste lo del mapache y el carpintero?
  • Nooooo, ¿en serio?

Por el cuarto trago, las conversaciones habían derivado en fútbol, hembras y aquellos dibujos animados que veían en los años 80’s. Al octavo, varios se habían borrado y se encontraban en un estado somnoliento-despierto, pero ni ellos ni el resto se daban cuenta. Los lobos se abrazaban con los osos y se declaraban mutuo amor y admiración. Pero la fiesta no paró ahí…

Fueron de barman a dealer, de disco a salsoteca a disco durante tres días. El bosque no tenía registro de una celebración tan grande en su historia, pero por más larga que fuese la celebración todo tiene su final.

Despertar del lunes y los osos sienten sus pies pesados. La resaca debe ser. Caminan un par de pasos y ven todo el bosque desordenado.

¡Un ladrón en la oficina, gritan!

Van a ver al búho encargado de seguridad, le piden las cintas. Nadie entró ni salió del bosque durante el fin de semana…

Van hacia la entrada del bosque a ver si la cámara de seguridad funciona. Todo normal salvo por un detalle que nunca se habían percatado… aquellas letras en el letrero clavado al los pinos que forman la puerta:

Abandone toda esperanza de vivir aquel que entre aquí, Tesorería General de la República